
No eran aun las 6 de la tarde, y yo estaba sentada en lugar de siempre; había esperado días enteros para volver a verlo, esta vez, llegué sin dar aviso, por que algo dentro de mi, me pedía salir de mi casa y encontrarlo, encontrarlo con una sonrisa en el rostro.
Lo conocí pocos meses atrás y aun ahora no se por qué me perdi en sus ojos como si fuera un amor de mucho tiempo, como si no existiera nadie mas en mi mundo, nadie con una mirada tan perfecta como la suya. No cruzamos palabras, pero solo con verlo podía decirle todo lo que sentía, y sabía que el lo entendía.
El silencio, el deseo y la duda, me poseian cada vez que el se acercaba, imaginaba sus manos sobre las mias, su voz entre los besos, su respiracion en mi cuello, no podía quitarle los ojos de encima, simplemente no podía.
(...)
Hasta ese momento, el momento que había imaginado desde que cruzó mi puerta, cerré los ojos y sentí sus labios, mi corazón en un ritmo agitado en los segundos que tardó en acercarse a mi; segundos eternos como horas, como todas las horas que había esperado por el.
Tuve miedo, miedo de haber dejado salir mis pensamientos quizá sin darme cuenta, tuve miedo de que el sepa lo que sentía, de que mis besos no le sepan a nada.
Vivi con todas mis fuerzas la vida que empecé desde que lo vi, y fue allí que mi corazón se detuvo, dejé de respirar, dejé de vivir, y empecé a morir en sus labios.
Furon solo dos minutos de un primer beso que me dejó congelada el alma y la vida convertida en una piedra, tan poco tiempo, y tanta vida.
Entonces abrí los ojos, y lo vi aun con los suyos cerrados, - te amo princesa - dijo
y a mi me abrazó el miedo, el miedo a que sus palabras sean reales, el miedo a que otro amor se apodere de mi.
Lo aparté con los brazos y retrocedí, sin quitarle los ojos de encima, hizo un gesto con la mano, que me sacó del sueño con una sonrisa, y con ella me despedí.
Desde ese momento, teníamos una esquina propia y oculta, el mismo lugar blasfemo al que vuelvo hoy, el mismo frio lugar al que no llegó, tampoco hoy...

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