
Estos días se tornan interminables, mi estancia en París ha sido mas dolorosa de lo que pensé, la ausencia de todas las sensaciones y sentimientos, las ganas de volver y a la vez las ganas de alejarme por completo de Lima, y si pudiera de los recuerdos.
Esta vez volví a encontrarlo en la calle vacía, antes de el, mi vida en Paris hubiera sido envidiable para cualquiera, aun cuando siempre tuve demonios encima.
Bastó solo verlo para que mi corazón de un brinco, sentí que se detuvo el tiempo y la vida, sentí que se detuvieron sus ojos ante mi, pero aunque la vida no siga, el no me miró, dio la vuelta como buscando algo mas, como si no me reconociera entre la gente.
Por que era tan dificil para el mirarme y decir como antes; "te quiero princesa", por que no dejaban de retumbar en mis oidos sus palabras y su voz.
Quiza me abandoné yo misma a un absurdo, a una promesa rota de eternidad, no he querido llorar, espero que alguien me espere el dia de hoy, y no podría llegar a una cita con el rostro arruinado. Aun cuando no tenga ninguna cita, y aunque mi alma este ya arruinada.
Han sido dos eternas horas de mirarlo a traves de la ventana de la cafetería, el dentro con un libro de cristales, yo por fuera con la musica en alto y el alma en un hilo. Esperando solo que me mire y me sonría.
Pero el no ha dado respuesta, ha seguido ensimismado en no se que, pero estoy segura que no en ese libro.
Catorce minutos e incontables lágrimas contenidas despues, se ha levantado de la mesa, yo me levanté desde fuera junto con el para no perder ningun detalle en su rostro. Mis manos temblaban y el cuerpo lo tenía helado totalmente, ha dado tres pasos y lo intercepta una mesera, el hace un gesto amable y paga la cuenta.
Sale de la cafetería, sin darme ninguna señal, ni una sola, estoy segura que el me notó aqui afuera, pero aun no entiendo por que su negativa.
Se va caminando rapido, no veo su rostro pero se que está distraído. Se que algo lo perturba, pero si se niega a reconocerme, no puedo saber que es.
Vuelvo a la banca de fuera de la cafetería y veo a la mesera recogiendo la taza en la que bebió, y pude confirmar que pensaba en algo que no era tan cercano, entré a la cafetería y me acerqué a la mesera. Di un respiro para ocultar la timidez y entre ingles y frances le dije:
- Hola, mi compañero esta esperandome en el taxi, y ha olvidado su libro en la mesa 7
- Un libro? - dijo ella incrédula -
- Si, es uno de tapa celeste, acerca de cristales y cosas asi
Me miró tratando de hallar en mis ojos la mentira, pero no lo logró, se acercó a la caja y me dijo -Tome, aconsejele que tenga mas cuidado -
Le agradecí, tomé el libro y corrí hacia afuera de la cafetería, con la esperanza de encontrarlo entre la gente, mientras avanzaba iba pensando en que decirle, en como lo vería, y por cada idea una sonrisa se escapaba, corria sin mirar al resto, solo lo buscaba a el.
Pero no apareció, en ese momento París y sus calles se volvieron tan oscuras, sentía el peso del mundo en mis hombros, el fracaso y el abandono en fila tras mis ojos, esperando que anuncie el otoño, para que finjan ser hojas y empiecen a caer interminables.
Me senté en una banca, en un maldito boulevard lleno de enamorados, o eternos galanes sonrientes dispuestos a recitar farsas con una flor en la mano.
Recogí mis piernas y abracé el libro con todas mis fuerzas, trataba de sentir sus manos a través de sus huellas, su olor entre las paginas, y en medio de este ritual desesperado, una luz; un respiro.
De entre sus paginas una servilleta con sus propias letras: "[i]voy por ti[/i]".
Quiza mas adelante, estas tres palabras sean solo arena en el mar, pero ahora son mi salvación, el viene por mi!.